"Plantas Eléctricas" en la Mustang Art Gallery

Fotografía: Álvaro Vicente

http://www.mustangartgallery.com/exposiciones/plantas-electricas





MIRIAM MARTÍNEZ GUIRAO
Jardines micro-políticos y paisajes eléctricos
Tatiana Sentamans

A medio camino entre el jardín contemplativo y la jungla eléctrica minimalista, plantas eléctricas es el nuevo universo poético creado Miriam Martínez Guirao. En él, un conjunto de insólitas especies botánicas producen un efecto sensorial donde la luz es materia prima y resultado en un particular proceso de fotosíntesis, y donde otras familias vegetales crecen espacialmente entre luces y sombras. La ingeniería procedimental puesta en marcha a tal efecto, supone una búsqueda y experimentación materiales en las que se combinan elementos tan dispares como la porcelana, el latón, el plástico, la madera, circuitos eléctricos, cables, y varios objetos. De este modo, la artista genera diálogos entre lo manufacturado y lo artesanal; entre lo delicado y único, y lo seriado y sustituible.

Su continuo interés formal por los motivos y texturas vegetales, puede rastrearse hasta trabajos anteriores como las series “Invasores-invadidos” (2005-2006), “Plantas carnívoras” (2009) o “Sobre-sub_suelo” (2010). Además, el referente temático de éstos traza un camino hacia el proyecto de investigación académico “Jardines Efímeros” (2012), que cristaliza aquí en una nueva vuelta de tuerca de los binomios naturaleza-artificio, perecedero-duradero. Su modelo de producción personal es una especie de topiaria conceptual, que poda la idea de experiencia componiendo un jardín cada vez. Y qué es un jardín sino una bisagra entre naturaleza y cultura, donde la intervención humana determina y dispone las especies, la forma y el lugar, y por lo tanto, ordena plásticamente el espacio. Sin embargo, si elevamos la vista hacia el archivo online <jardines-efimeros.blogspot.com>, debemos afirmar con rotundidad que Miriam reivindica la mirada, el jardín como object trouvé micro-político, pues hay una búsqueda de lo silvestre y de lo salvaje en lo urbano, como revolución y como signo de resistencia.

Lo que más me interesa en un paisaje es el alzado (Richard Serra).
Fondos neutros; el blanco pintado de la ausencia de pigmento como traducción y síntesis de la saturación del color-luz; objetos superpuestos que reivindican un enfoque macro de lo micro, y llevan el detalle a un primer y único plano; pintura como escultura, como instalación; la serie “Cuadros eléctricos” -uno de los principales componentes de la exposición- conceptualiza la turbación sensorial de la pintura romanticista del XIX de Turner, y plantea una emoción contenida, y una visión del paisaje concisa y definida, sin brumas ni nieblas. A través de la seriación e instalación de módulos-piezas, la artista propone una hipótesis conectiva, una ecuación que se desarrolla a lo largo de la retícula ordenada de su peculiar panorama perspectivo: [electricidad ≥ existencia vegetal]. Quizás además porque el paisaje es una mirada proyectada desde una perspectiva de descubrimiento, es a partir de pequeñas plantas silvestres encontradas en su entorno, como Miriam genera nuevos especímenes de plástico a los que dota de raíces-cable y hojas-microchip, para respectivamente, tomar y transformar materia y energía del entorno. Pareciera entonces como si las plasticosas briznas fueran obra de la prótesis alimentaria cibernética y no de la mano de la escultora, en lo que en definitiva se propone como vida artificial.

radical. (Del lat. radix, -īcis, raíz). (RAE)
Desde sus primeros trabajos, la artista muestra un claro interés por el ciclo nacimiento-crecimiento-muerte. Especialmente en su proyecto expositivo más reciente (“Raíces y puntas”, 2011), sugiere a través del cabello tejido, diversas reflexiones acerca de la experiencia vivida y su devenir entrecruzado, entretejido. Y la raíz ahí, y ahora en plantas eléctricas, es leitmotiv central como sustento, como toma de tierra, y definitivamente, como resistencia, registro, y sustrato fósil. La instalación central de la sala MAG “Enraizada”, está compuesta por quince piezas de porcelana, iluminadas por un sistema eléctrico led de luz blanca y verde, que penden/nacen del techo de una maraña de lianas-cable. Cada una de las piezas, es un artefacto de diseño industrial, que pervierte la idea funcional de bombilla en una retorcida revisión de los preceptos Bauhaus, y a la vez entronca con las lámparas globo que suben y bajan de Marianne Brandt (directora del taller de metal tras la marcha de Moholy-Nagy), o con sus flexos como el Kandem. En “Enraizadas”, las ampollas no son más un mero contenedor estanco o límite, sino finas crisálidas cocidas de luz, donde los intersticios entre las superposiciones de hojas de hiedra porcelánicas y translúcidas, generan una amalgama de claroscuros contrastados y reflejos que nos llevan de regreso al paisaje romántico. La idea de paisaje implica una contemplación, y por lo tanto una perspectiva, en la que la distancia y el punto de vista son fundamentales. Aquí sin embargo, y en contraposición a “Cuadros eléctricos”, o a “Sobrellaves”, hay una exaltación en la escala instalativa, que empequeñece lo humano, y que provoca ese éxtasis privado del estar-en.

Finalmente, tras un recorrido quasi baudelairiano de plantas eléctricas, puede afirmarse que Miriam Martínez Guirao, a través de un planteamiento conceptual y procedimentalmente complejo, pero formalmente delicado y sutil, construye un jardín donde reivindica, desde lo cercano y personal, una resistencia cultural de lo natural –valga la paradoja- ante el exceso y el simulacro hi-tech del siglo XXI. De este modo, la artista pone su granito de arena en el restablecimiento del rol del “arte como naturaleza” en la construcción del nuevo espacio contemporáneo.


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